“El despeñadero de los Peña”, de Guadalupe Loaeza

CIUDAD DE MÉXICO.- Sarcástica, filosa; por momentos filosófica y a veces adolorida de las pifias o francamente molesta de las ridiculeces de sus protagonistas, la siempre entretenida Guadalupe Loaeza pone en librerías un nuevo tomo que es la crónica de un sexenio “no malo, sino maleta”: el de nuestro aún presidente Enrique Peña Nieto y su esposa “la primera dama” Angélica Rivera.

Se llama El despeñadero de los Peña (Editorial Planeta, 318 páginas con e-book disponible) y los cinco capítulos de estos años de fracaso tras fracaso se pueden gozar “de una sentada” o “al azar”, vean nomás sus títulos:

1.- La relación de EPN con las televisoras. 2.- Los traspiés de EPN como candidato y la jornada electoral de 2012. 3.- EPN y sus relaciones personales, sentimentales y familiares como candidato y presidente de la República (incluye artículos temáticos en los apartados “La desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa”, “La Casa Blanca”, “La fuga del Chapo Guzmán” y “Escándalos de corrupción de los gobernadores priistas”). 5.- El sexenio de EPN (Aspectos relevantes durante el gobierno), concluyendo con el artículo de Loaeza publicado el 8 de agosto de 2018 “Una gaviota en París”.

Leemos en la contraportada, bajo la foto de una autora muy sonriente:

“Durante seis años Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera han vivido un amor de telenovela. La Gaviota (sic) tiene un esposo no sólo guapo, sino exitoso; gracias a él, México ha ‘volvido’ a ser un referente internacional; no podía estar más orgullosa de su marido, quien llegó al poder con la única misión de ‘salvar a México’. Pero algo raro ha pasado… Una hilarante crónica del ascenso y declive de la pareja presidencial que llevó al país al borde del despeñadero”.

Los 85 artículos de este libro los publicó Guadalupe Loaeza (Ciudad de México, 1946) de 2009 a 2018 en el diario Reforma. Ofrecemos a nuestros lectores las primeras páginas en tinta de la propia escritora.

Prólogo

“(…) Si un presidente nos ha dejado en la zozobra es Peña Nieto.

Si un gobernante nos ha mostrado claramente cómo funciona la corrupción es Peña Nieto. Si alguna vez hemos tenido un mandatario que, más que un funcionario, sea un montaje producido por la televisión y la clase política ha sido en este sexenio.

Si alguna vez hemos visto de frente la frivolidad y la superficialidad es leyendo toda la prensa relacionada con la familia Peña. Si en algún momento vimos una mirada vacía e indiferente ante los problemas tan terribles por los que atraviesa nuestro país fue al observar el rostro de Peña Nieto en las noticias todas las noches. Si a alguien vimos más interesado por su copete que por la desaparición de cientos de mexicanos, fue a Peña Nieto.

No había leído siquiera tres libros antes de llegar a la presidencia, y luego de tantos y tantos compromisos nunca tuvo tiempo para conocer más de nuestra cultura. Cuántas veces no lo vimos con la mirada perdida, extraviado, sin tener idea de lo que acontecía en nuestro país.

Nunca imaginé que tendríamos un presidente tan malo, que se viera tan torpe ante los presidentes extranjeros. Ni siquiera con Trump, para no ir más lejos, tuvo una actitud digna. De ahí que muchos lectores quizá se pregunten: ¿para qué este libro acerca de los Peña, si ya pasó lo peor? Es cierto que no es un libro que predecirá algo; no se trata de un oráculo, sino de un testimonio.

Debo confesarles que una de mis debilidades como periodista ha sido imaginarme TODO de los Peña: su vida cotidiana, sus gustos, sus fobias, sus debilidades, sus obsesiones, su sensibilidad e, incluso, sus virtudes. ¿Habré llegado a conocer el corazón de esta familia?, me pregunto con mucha inquietud. Siempre me he imaginado el corazón de la familia presidencial como un extenso videoclip televisivo, con la voz de Lucerito cantando una y otra vez las canciones favoritas de este matrimonio hecho de pura fantasía. Como es lógico, todo en la vida de los Peña está hecho de utilería: desde los votos que llevaron a Peña al poder hasta los muebles, las sonrisas y, sobre todo, la felicidad matrimonial:

Gracias a los paparazzi y a los medios de siguieron a este matrimonio en cada una de sus apariciones públicas nos enteramos de la verdadera relación que mantenían. Por ejemplo, el 16 de julio de 2015, durante su visita a Francia, mientras caminaban detrás del presidente François Hollande, la Gaviota quiso tomar el brazo de su esposo, pero él la desairó. Entre Peña Nieto y su esposa se fue desarrollando una indiferencia mutua cada vez más grande.

Si pensamos, como decía Freud, que es en los descuidos donde conocemos verdaderamente lo que quiere decir el inconsciente, entonces estos incidentes en apariencia menores nos dicen mucho de su personalidad. Es evidente que en ese matrimonio todo está arreglado, todo existe menos la naturalidad. Todo estaba ahí para lucir ante las cámaras. Sin embargo, justo ha sido frente a las cámaras que Peña Nieto ha mostrado su actitud de profundo desprecio hacia su esposa. Claro, con razón se molestó de que el periodista Salvador Camarena le preguntara el precio del kilo de tortilla.

“No soy la señora de la casa”, respondió muy ofendido. A Peña habría que preguntarle acerca de la macroeconomía, del comercio exterior o de los programas federales. Cierto es que tampoco hubiese sabido las respuestas, pero no son temas de la señora de la casa.

Ante otros presidentes, también emanados del PRI, Peña se ve chiquito. Frente a López Mateos, que era culto, carismático, con una gran personalidad (y, además, originario del Estado de México), Peña se ve muy reducido. Y qué decir si lo comparamos con Ruiz Cortines, quien era completamente austero. Este mandatario veracruzano se habría escandalizado de la existencia de la Casa Blanca. Hasta los presidentes más corruptos y autoritarios sostuvieron otra categoría frente a la investidura. Incluso a la vieja retórica del PRI, tan plagada de demagogia, le pueden encontrar bastantes cualidades frente a los discursos de Peña Nieto.

Pero preguntémonos: ¿qué nos dice de los mexicanos el hecho de que hayamos tenido un presidente semejante? Como decía Carlos Monsiváis, ¿votamos por alguien así para autocastigarnos? ¿Era cierto que los actos de los mexicanos estaban manejados por control remoto desde Televisa? (…)

Ante los hechos de Ayotzinapa, Peña Nieto se portó con una indiferencia que provocó desazón. ¿Cómo es posible que años después no tengamos una respuesta digna y que la “verdad histórica” presentada por Murillo Karam sea en realidad un “montaje histórico”?

¿Cómo es que apenas tres meses después de que se hubieran desaparecido esos jóvenes estudiantes, Peña Nieto se hubiera atrevido a decir: “¡Ya supérenlo!”?

Los casos de sobornos de Odebrecht, que en otros países causaron indignación, pasaron por México como un vientecito que no alcanzó a despeinar a ninguno de los funcionarios involucrados.

La única vez que vi a Peña Nieto lleno de pasión fue cuando el equipo de Carmen Aristegui descubrió que el matrimonio presidencial tenía una lujosa casa en las Lomas de Chapultepec. Por esos días vi en la televisión al presidente hablando apasionadamente, defendiendo el trabajo de su esposa, con el cual habría pagado la residencia. La revelación de la Casa Blanca se dio el 9 de noviembre de 2014, y apenas unos meses después MVS despidió a Carmen Aristegui –el 15 de marzo le impidieron a la periodista y a su equipo entrar a las instalaciones para transmitir su programa matutino.

Mientras tanto, Peña había nombrado a su cuate, Virgilio Andrade, titular de la Secretaría de la Función Pública, para que aclarara con absoluta independencia si había un conflicto de interés en el caso. La Casa Blanca era propiedad del grupo HIGA, el mismo que había ganado la licitación del tren México-Querétaro. Luego de seis meses de investigar arduamente a su amigo, Andrade descubrió que Peña era inocente y que, en todo caso, los culpables éramos los mexicanos por ser tan desconfiados y tenerle mala voluntad a un mandatario tan guapo y carismático.

Quizá se pregunten: ¿pero es que Peña Nieto no tiene una sola virtud? Después de meditar esta pregunta, luego de darle varias vueltas, puedo concluir que sí, en efecto, tiene una virtud mayúscula: en su sexenio el PRI pasó de ser la primera fuerza política a quedar prácticamente al borde de la desaparición.

Si al comenzar el prólogo dije que este libro no es un oráculo, sino un testimonio, quiero matizar un poco, ya que poco antes de morir, el maravilloso novelista Carlos Fuentes hizo una predicción:

Peña Nieto es un hombre de muy escasos recursos intelectuales y políticos. Lo acaba de demostrar en la Feria del Libro de Guadalajara [cuando no pudo enumerar los tres libros que lo habían marcado]. Este señor no me ha leído, tiene derecho a no leerme. A lo que no tiene derecho es a querer ser presidente de México a partir de la ignorancia. Eso es lo grave, no que no haya leído un libro mío, no, sino que demuestra su ignorancia, es un hombre muy ignorante y los problemas exigen un hombre que sepa algunas cosas. No quién es el autor de una novela, sino en general, tener un concepto del mundo, poder conversar como par con Obama, con Angela Merkel o con Sarkozy, y no es este hombre capaz de hacerlo.

Como Fuentes murió dos días antes de las elecciones de 2012, el 15 de mayo, ya no cayó con nosotros en el despeñadero. Sin embargo, yo me lo imagino junto a mí y oigo clarito su voz que me dice:

“Se los dije, se los dije…”.

Fuente: Proceso